Una madrugada sincera de alguna semana sin gracia. La sombra de alguien reposaba en su cama. Obviamente no era su primera hora despierta durante la madrugada, y en pensamientos nuevos se reflejaba el brillo de los ojos que, intranquilos, se distraían con la calle visible en la ventana. Envuelta en alguna sábana suave, se encogía el cuerpo y se estiraba, dudando la hora y dudando de su propia mirada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario