sábado, 17 de septiembre de 2011
Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera contarle que el universo era más ancho que sus caderas. Le dibujaba un mundo real no una color de rosa, pero el prefería escuchar mentiras piadosas. Yo le quería decir que el azar se parece al deseo que un beso es sólo un asalto y la cama es un ring de boxeo, que las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan se marchitan cuando las toca la sucia rutina. Cuando le dije que la pasión por definición no puede durar como iba yo a saber que el se iba a echar a llorar. No seas absurda, me regañó, esa explicación nadie te la pidió así que guardatela, me pone enfermo tanta sinceridad. Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.
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